La actividad cotidiana impide reflexionar sobre cosas y motivos profundos, pero en un momento íntimo de la vida diaria surge incontenible esa contradicción, entonces encuentro un pretexto para pintar.

Mi punto de partida es mi entorno, escenas de mi realidad a la búsqueda de soluciones pictóricas, retratos de personas y animales y fragmentos del cuerpo incorporados al paisaje.
No pretendo que lo que pinto sean narraciones sino situaciones en las que el espectador no participe solamente como un voyeur sino que a través de mi sea parte de lo que pinto.

Mi reto es que a través de una estructura formal como es el lenguaje pictórico (composición, color, textura, luz, etc. en un espacio restringido) crear un universo autónomo y libre donde expresarme.